Los especialistas en otorrinolaringología —encargados del oído, la nariz y la garganta— llevan décadas empleando técnicas de mínima invasión para el diagnóstico y tratamiento de diversas afecciones, incluso mucho antes de que este enfoque se volviera ampliamente conocido.
Las patologías de cabeza y cuello se benefician especialmente de estos métodos, ya que muchos procedimientos pueden realizarse aprovechando las cavidades naturales del cuerpo, como el canal auditivo, las fosas nasales o la orofaringe. Esto permite introducir instrumentos delgados y precisos sin necesidad de grandes incisiones. Gracias a ello, se reduce el impacto en los tejidos, se acelera la recuperación y se disminuye tanto el dolor como la aparición de cicatrices en comparación con la cirugía abierta tradicional.
Aunque algunos tratamientos mínimamente invasivos en ORL pueden requerir pequeñas incisiones externas, la tecnología de Richard Wolf está diseñada para minimizar marcas visibles y facilitar un trabajo más cuidadoso y menos traumático para el paciente.
